24 Festival de Cine de Lima: “Dopamina” (2019) y las luchas de género en el espacio familiar

Dopamina (2019), de Natalia Imery Almario participa en la competencia documental. Retrata el desarrollo de la identidad sexual de la directora y los conflictos familiares que se dan alrededor de ello.


Por Sha Sha Gutiérrez CRÍTICA/FESTIVALES

Fuente: Festival de Cine de Lima


En el documental colombiano Dopamina (2019), de Natalia Imery Almario, observamos un viaje de autodescubrimiento de la propia directora desde el interior de su mundo familiar. En este trayecto, ella tiene la oportunidad de conocer bajo otro prisma a sus seres queridos (Gloria, su madre; Enrica, su novia y sobre todo a Ricardo, su padre). Ello le permite reevaluar sus propias percepciones sobre su identidad y su relación con los demás.

¿Quién es ella? ¿Por qué Gloria y Ricardo, sus progenitores, no aceptan –o tardan en aceptar– su homosexualidad? Son preguntas cruciales en el filme. Y no solo se elaboran por medio del típico recurso de la voz en off, sino que también lo hace a través de videos caseros e ilustraciones en blanco y negro. A partir de estos medios la directora aborda su sexualidad (fragmentada) y la enfermedad de su papá (el síndrome de Parkinson). En una de las escenas del filme, vemos la imagen de un cerebro palpitante y luego se trazan unas líneas adicionales para formar el rostro inmóvil de Ricardo. ¿Qué quiere expresar esto? ¿Es acaso la identidad del padre reduciéndose a su enfermedad? ¿o es la representación de una lucha, de la resistencia del padre negándose a la consumación?

Fuente: Festival de Cine de Lima


El documental se encarga de responder esta última interrogante al ofrecernos varias escenas de él ejercitándose –ya sea con pesas, realizando estiramientos o nadando– solo o en compañía de su hija. Esta es otra particularidad del filme, durante la mayor parte del tiempo, la directora no está tras la cámara, sino frente a ella, lo cual la vuelve un “personaje” más de la historia. Es decir, no se ciñe a ser entrevistadora o a recoger testimonios mientras mantiene su distancia. Su presencia genera el diálogo, acompaña a sus entrevistados dentro de sus rutinas diarias, permitiéndose incluso disentir con ellos. Tal como señala uno de los personajes femeninos del filme, quizá siguiendo una involuntaria estrategia metaficcional, a lo largo de nuestras vidas interpretamos un personaje.


Si bien la militancia de Gloria y Ricardo hizo que sus hijos crecieran en un ambiente de libertad, sin imposiciones religiosas e ideológicas, dicha libertad tenía ciertos límites que, antes de Natalia, no habían sido traspasados. Citando a Simone de Beauvoir, la mujer no nace, sino se hace; es decir, se “construye” a partir de ciertos roles de género asignados por la sociedad. En ese sentido, la homosexualidad de la cineasta es tratada en la película como una transgresión al orden familiar.

Fuente: Festival de Cine de Lima


Por ello, su orientación sexual e identidad de género –ser una mujer lesbiana– causa sorpresa e, inmediatamente después, rechazo en los padres, especialmente en Gloria, quien se culpa a sí misma por no haber pasado más tiempo en casa con su hija. Su culpa llega a niveles tan altos que hasta desprecia el trabajo que antes deseaba y le hacía feliz. En contraste, Ricardo –debilitado por su enfermedad y literalmente sostenido por las mujeres de su familia– está más proclive a aceptar la sexualidad de su primogénita. Asimismo, reconoce las falencias de las luchas de su generación, pero también identifica las limitaciones políticas de la generación de su hija: si él “miró” y estuvo mucho más tiempo afuera, en las calles, en los partidos y movimientos sociales, ella se enfocó únicamente en su mundo interior y su núcleo social más próximo, creyendo que ahí estaba la clave para el cambio.

Así como apunta Enrica, la novia de Natalia, la dinámica de la historia es cíclica, como esa escena donde observamos a Ricardo siendo un bebé, dando sus primeros pasos, aprendiendo a caminar e inmediatamente después se nos muestra cómo está en la actualidad: anciano y enfermo, realizando denodados esfuerzos por volver a caminar. Nada una y otra vez para combatir el Parkinson que lo aqueja y, al lado de él, está Natalia, acompañándolo y aceptándolo, tal como él lo hizo con ella a lo largo del tiempo.



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