“Royalty Free: The Music of Kevin MacLeod” (2020): la rebeldía de una música sin derechos

El documental de Ryan Camarda ofrece una mirada a uno de los más prolíficos compositores de música libre de derechos: Kevin MacLeod. No solo es un perfil de esta figura. Es también un estudio sobre cómo su presencia ha afectado la industria musical.


Por Sebastián Zavala Kahn CRÍTICA / VIDEO ON DEMAND

Fuente: The New York Times


Pueda que el nombre de Kevin McLeod no sea particularmente famoso, pero lo más probable es que estén familiarizados con, al menos, un par de sus composiciones. Él es, pues, una suerte de músico fantasma, un compositor de bandas sonoras cuyas canciones han aparecido en millones (sin exagerar) de videos y películas, ya sea en Internet o hasta en cines. Es alguien que ha contribuido de manera importante al desarrollo de las carreras audiovisuales de mucha gente, especialmente en una época donde publicar videos y hacerse “viral” es relativamente sencillo, todo gracias a la Internet y las redes sociales.


Kevin McLeod es el dueño de incompetech.com, uno de los sitios web más populares de música libre de derechos en la Internet. Desde el año 2002, McLeod ha estado componiendo y publicando piezas musicales que cualquier persona puede utilizar, siempre y cuando incluyan su nombre en los créditos. Así, la música de McLeod ha sido utilizada para videos de YouTube, cortometrajes, largometrajes, documentales, comerciales y hasta videos pornográficos. Cómo olvidar el día en que un representante de Martin Scorsese llamó a McLeod para comprar los derechos de una de sus piezas, la cual terminó apareciendo en una escena de La invención de Hugo Cabret (Hugo, 2012).


Nada mal para un relativo desconocido.

Fuente: Easy Reader


No debe sorprender, entonces, que alguien por fin se haya animado a dedicarle un documental a McLeod. Royalty Free: The Music of Kevin MacLeod es una película sencilla pero entretenida que narra con eficiencia la historia de McLeod, desde sus comienzos en las épocas primitivas de la Internet, hasta su rol contemporáneo como uno de los compositores más influyentes de la historia reciente. También incluye secciones que comentan la importancia de la música libre de derechos, los Creative Commons, y hasta la manera en que la música digital, hecha por individuos, ha reemplazado, hasta cierto punto, a las orquestas. Todo esto a través de distintas entrevistas, animaciones entretenidas, y una voz en off.


Lo mejor que la película hace, sin embargo, es presentar a McLeod como un ser humano muy particular, permitiéndole al espectador entender cómo él piensa y trabaja, considerando que le ha dedicado buena parte de su vida a un negocio que, al menos en teoría, no le genera ganancias. Por supuesto que el documental esclarece que McLeod gana mucho dinero vendiendo licencias, componiendo música por encargo y recibiendo donaciones, lo cual tiene mucho sentido. Después de todo, incompetech.com está llena de música gratuita, la cual ha sido distribuida millones de veces sin que le caiga un solo dólar a McLeod directamente.


Esto lleva a que el documental contenga toda una sección sobre la discusión relacionada a la música gratuita: cómo McLeod pudo haber contribuido al declive en los trabajos pagados para compositores, habiendo acostumbrado a muchos clientes, entre ellos varias marcas importantes, a gastar poco o nada en música. Es una perspectiva con la que McLeod no está de acuerdo, por supuesto. Él considera que, al ser parte de un libre mercado, no tiene nada de malo que cobre tan poco por su trabajo, pero que tiene sentido que haya sido incluida en el metraje. Resulta interesante, por ejemplo, cuando se menciona que los productores del documental entraron a varios foros de compositores musicales, donde McLeod no es particularmente bien visto.

Fuente: IMDb


Algo similar se puede decir sobre el debate en relación con la música digital. El contraste entre un McLeod que dice no notar la diferencia entre una pieza hecha enteramente con un teclado y una pieza orquestal, y otros compositores que dicen que la diferencia es evidente, termina por esclarecer su perspectiva de la música y su propia obra. Nuevamente, muchos de los argumentos están relacionados al trabajo de otras personas: en cómo estos individuos, trabajando solos desde sus computadoras, han hecho que muchos músicos simplemente se queden sin trabajo. Es la democratización de la composición musical hasta cierto punto, pero también el reemplazo de algunos talentos por otros. Como uno de los entrevistados menciona: “Muchas de las críticas vienen, también, de gente que simplemente le tiene miedo al cambio”.


Por más de que sea consistentemente fascinante y entretenido por la información que nos brinda, es un documental meramente cumplidor. Las entrevistas están competentemente filmadas, pero la narración en off es terrible, de cadencia aburrida, y llena de espacios vacíos innecesarios. Las secuencias animadas cumplen con su cometido, eso sí, pero algunas secciones, por alguna razón, están mal estabilizadas en post, lo cual crea una baja calidad de imagen, y varios elementos gráficos, entre ellos algunos títulos, se ven excesivamente sencillos. Se nota que no es un documental con un presupuesto particularmente alto, lo cual felizmente no termina por arruinar la experiencia en general.


Independientemente de lo que el espectador piense sobre la música libre de derechos, los Creative Commons, o la música digital, no se puede negar que Royalty Free: The Music of Kevin MacLeod termina siendo un documental atractivo. La película pinta a McLeod como una persona tímida, que sufre de depresión y ansiedad, lo cual ayuda a que uno empatice con él y con su trabajo. Es una suerte de estudio de un ser humano que, siendo increíblemente humilde, ha terminado por ayudar a mucha gente creativa a cumplir sus objetivos. Así, resulta divertido ver un documental dedicado a esta persona que sin ser famoso o particularmente ambicioso logró desarrollar una nueva industria que se vio beneficiada por la popularización del Internet y el crecimiento de plataformas como YouTube. Busquen el trabajo de McLeod, no les costará nada (literalmente), y puede que encuentren algo familiar, pegajoso, y por qué no, hasta ligeramente emotivo.