“Stray” (2015): el sangriento sueño americano

Por Sebastián Zavala Kahn CRÍTICA/VIDEO ON DEMAND

Fuente: IMDb


Stray es un thriller psicológico independiente que, felizmente, no se parece mucho a la mayoría de filmes de bajo presupuesto similares que salen año tras año. En parte gracias a una actuación central potente, pero también debido al innegable estilo de la directora y guionista Nena Eskridge. La película funciona como una retorcida historia de muerte y engaños que, a pesar de tornarse algo incoherente durante el tercer acto, deja al espectador con un buen sabor de boca. Sí, se nota a leguas que tuvo un presupuesto de $ 60,000, pero a pesar de sus limitaciones financieras (o quizás debido a las mismas), maneja una estética atractiva y muy propia.

Stray tiene como protagonista a Jennifer (Gabrielle Stone), una joven asesina que llega al pequeño pueblo de Chestnut Hill. Es ahí donde quiere comenzar una nueva vida desde cero, y parece ser capaz de hacer de todo para lograrlo, incluyendo, como se pueden imaginar, mentir y matar. Incluso llega a conocer a un atractivo barista llamado Greg (Dan McGlaughlin), de quien se quiere adueñar (a pesar de que tiene una prometida llamada Sarah, interpretada por Samantha Farfield Walsh). Hay que admitir que muy pocas películas le piden al espectador que siga la vida de un personaje tan despreciable, pero Eskridge logra hacer que funcione.

El hecho de que Gabrielle Stone dé una actuación intensa y realista ciertamente ayuda. Interpreta a Jennifer como una mujer insana, vengativa y de sangre fría, el tipo de persona a la que no le importa meterse en la vida de los demás, destruyendo relaciones y matando a gente inocente, para obtener lo que desea. Una actriz de menor nivel la hubiese interpretado como una caricatura exagerada, pero afortunadamente, ese no es el caso de Stone. Sí, uno no llega a empatizar con ella, precisamente, pero Eskridge y compañía logran que uno le tenga pena, incluso cuando está cometiendo toda suerte de fechorías sangrientas y moralmente cuestionables. Es todo un logro.

Ayuda, también, que el guion trate de desarrollar a Jennifer como un ser humano, a pesar de manejar un estilo minimalista y altamente simbólico. Sí, es un ser humano manipulador, pero Stray se toma el tiempo de mostrar exactamente cómo es que se infiltra en una comunidad tan pequeña, lo cual quiere decir que el espectador llega a conocer sus motivaciones y su personalidad. No es una psicópata arquetípica; quiere tener una vida y una familia normal, y parece haber estado huyendo de algo por varios años… ¿pero de qué? ¿su familia anterior? ¿una entidad vengativa? ¿la policía? Podría ser cualquiera o ninguna de esas opciones, el filme nunca lo deja en claro.

Fuente: IMDb


En todo caso, aparte de ser una perturbadora película de suspenso, Stray también logra convertirse en toda una tragedia, desarrollando la historia de una mujer solitaria, que cree ser incomprendida, y que incluso tiene ciertas características muy infantiles. Cada vez que alguien está en desacuerdo con ella o no le da lo que quiere (en este caso, una vida normal, o hasta un matrimonio común y corriente), le da un berrinche y se va. La única diferencia, por supuesto, es que sus berrinches involucran asesinatos.

Ella no opera al mismo nivel que cualquier otra persona normal; no está buscando relaciones porque quiere sentir el calor de otro ser humano, o porque es capaz de sentir amor. Solo quiere algo de realización personal; quiere encontrar el “Sueño Americano”, y no le importa con quién termine haciéndolo. Ella debe obtener lo que quiere a cualquier costo.

A pesar de que la violencia es parte importante de la vida de Jennifer, Eskridge no parece estar interesada en mostrarla en toda su gloria. Un crítico más cínico podría decir que esto se debe más a sus limitaciones presupuestales, pero me gustaría creer que, en realidad, se trata de una decisión estilística. Sí, la violencia puede ser aterradora e intensa cuando es mostrada explícitamente en pantalla, pero puede llegar a ser igual de perturbadora cuando solo es sugerida. La violencia implícita, junto con el ritmo lento —pero seguro— de la película, le otorgan una sensación palpable de suspenso, haciendo que el espectador tenga miedo de lo que Jennifer vaya a hacer a continuación. Después de todo, y al menos en este caso, lo que uno se imagina en su cabeza, termina siendo mucho peor que lo que Eskridge y compañía podrían producir con la ayuda de efectos especiales y maquillaje.

Regresando al tercer acto; ciertamente no arruina el filme, pero tampoco ayuda. No quiero malograr el final de Stray para quienes estén interesados en verla; solo diré que nada relacionado al nacimiento de un bebé o a la depresión de Jennifer llega a funcionar. Parecen ser eventos sobrantes, y solo sirven para alargar la duración del filme, en vez de desarrollar suspenso o mejorar la caracterización de ciertos personajes. Adicionalmente, como Stray es una cinta independiente de bajo presupuesto, algunas de las actuaciones son acartonadas o melodramáticas, lo que quiere decir que estos momentos más intensos no llegan a conectar del todo con el espectador.

Igual vale la pena admitir que Stray terminó siendo una grata sorpresa. Es una película que merece ser descubierta, especialmente por quienes estén buscando algo engañadoramente simple y único. Espero poder ver más películas de la novel Nena Eskridge en el futuro cercano






#Stray

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